10/6/08

En memoria de mi awelo Adolfo ¡Mi amor!


El pasado domingo 8 de junio fue tu cumpleaños. Recuerdo la última vez que te vi comer con muchas ganas fue el primero de enero de 2004, cuando te lleve el recalentado de casa de mi mamá en unas tortas. Ese día me dijiste que sentías que no te quedaba mucho tiempo y te dije que no hablaras de esas cosas. Después me enviaste a la tienda a comprar pastillas Usher en tubito y te compre como 10 de hierbabuena y menta. Quince días habían pasado desde que falleciste cuando lleve a Carlitos a la tienda por dulces y me pidio un tubito de Usher la genética no miente me fuí llorando hasta la casa Carlos no entendió porque...en memoria de lo mucho que te amo tu familia recuerdo el diario que escribí en esos días:

16 de marzo de 2004

¿Sàbes? Me molesta escribirte en estas circunstancias. Estoy desehecha, me siento muy mal. Los mèdicos nos dijeron...¡se fue la luz! mientras escribia, como te decìa que mi amor (abuelo) esta muy mal y que es cuestiòn solo de esperar cualquier cosa. Hoy, entre a verlo como a las 11 de la noche, se veìa tan indefenso, no sè de donde saque fuerzas para no ponerme a llorar. El domingo todavìa me echo relajo. Me acerquè estaba dormido y lo besè. Tome sus manos entre las mìas y le dije: - ¡mi amor! descansa, yo te amo, eres mi vida - y le acaricie su brazo. Desde mis adentros pedì a Dios que esto solo fuese una pesadilla. Tan solo querìa volver a ser niña y prometerle que me tomarìa la leche clavel y que no se enojara. Mi papà llegò y me pidiò que lo dejara con èl. Caminando por los pasillos del hospital los recuerdos abordaron cada uno de los rincones de mi ser. Al salir vì a mi mamà y con ella explote en llanto. Ella trato de calmarme. Tengo mucho miedo. Perdòn, me siento tan sola como si existiera un vacìo tan profundo en mi pecho que no me deja respirar. No puedo dormir. Lo ùnico que deseo es que mi amor este como estaba hace años y decirle que todo va estar bien. Estoy muy deprimida...Lo que me tranquiliza es que mi prima Lauris, vino de España y eso le diò mucho gusto a mi amor. A veces pienso constantemente en la muerte y se que todos vamos hacia allà. Pero, desearìa saber que hago mientras tanto con este dolor y este infinito amor. Que hago con tantas cosas que ya no vamos a compartir. Dìas atràs rondaban problemas que yo veìa tan grandes y ahora me son tan insignificantes. Me siento tan pèrdida ¿còmo voy a darle fuerzas a mi Papi? Solo le pido a Dios que no me desampare. Tengo miedo de lo que sigue. Estoy desgastada....tengo miedo, ¡mi amor! te necesito conmigo me haces sentirme tan ùtil, es lo que repito sin parar.

17 de marzo de 2004

Son las 7:48 de la mañana me venciò el cansancio màs que la preocupaciòn. Amanecì exhaltada sonò el telèfono era mi tìo avisando que mi amor no esta respirando muy bien que quiere que vayamos. Toda la madrugada llorè, no pude evitarlo. Amanecì con los ojos hinchados. Desde un iniciò decidì escribir en una libreta, creo que es porque no tengo cabeza para buscar a alguien, me siento triste. Tengo los ojos hinchados, casi no dormì. Estoy preocupada, necesito vestirme y apurarme...

Al llegar al hospital, el mèdico sugiriò operarlo. Mi Abue y mi Papà firmaron una responsiva y decidieron arriesgarse. Ya que todos discutimos luchar por el, e intentar que sufra lo menos posible. Milagrosamente ¡mi amor! soportò la operaciòn. Tengo fe y me siento feliz. A pesar de que nos dicen que estan fallando sus riñones. Ya en la noche me venciò el cansancio totalmente...

18 y 19 de marzo de 2004

Hoy, he decididò no ir en todo el dìa y quedarme a esperar para relajarme un poco y tomar fuerzas. Pienso quedarme a cuidarlo hoy en la noche. Ya lo ùnico que nos dicen es que està inconsiente y lo que lo mantiene con vida es el respirador y dopamina que ayuda a su dèbil corazòn.

Llegue al hospital como a las 9 de la noche con Marte. Entramos y ahì estaba postrado en su cama, tan vulnerable con el respirador. Marte y yo lo besamos en la frente y Marte se percatò de una làgrima que le escurrìa. Me despedì de Marte. Me quede ahì con èl viendo como entraban y salìan del cuarto las enfermeras y le ponìan toda clase de medicamentos. Yo intentò, sin ningùn resultado buscar alguna señal de su esencia en el cuarto. Llegò mi tìa Lolis y nos pusimos a hablar de lo plena que fue su vida. Lolis le diò un besò en su frente y nos despedimos. Me quede observandolo con cierta impotencia y temor, se movìa mucho y me decìan que era efecto de sus reflejos. Llevaba conmigo la biblia e intente leer, pero me sentìa como si èl me observara y tontamente con mis propias manos cerre el libro y perdì dònde estaba leyendo. Le dije que si deseaba que lo viera lo harìa y eso hice verlo. Màs tarde, olvide mi temor y comencè a hablarle en voz alta le dije que todos los amabamos y que tenìamos muchas cosas que agradecerle. Empecè a hablarle de recuerdos familiares, le leeì la biblia, le cante el salmo 23. Màs tarde vino mi tìo Josè Luis esposo de Lolis que estaba de guardia y me dijo que le habìa bajado mucho su frecuencia cardiaca. Platicamos y me dijo que me hiciera a la idea que en cualquier momento le podìa fallar su corazòn y que el final estaba cerca. Mi tìo se fue a urgencias y me pidiò le avisarà si òcurrìa algo. Se fue y continue hablando de lo mucho que lo amaba, de las navidades. Y le hice hincàpiè de que siempre lo hibamos a amar, màs allà de todo. Me pare le bese su frente y acariciè su brazo. En ese momento camine hasta los pies de su cama y me recarguè le dije: - ¡Escucha a Dios! ¿què te dice mi amor? - y en ese momento su corazòn dejo de latir. Corrì y busquè a las enfermeras y mi tìo. Le llame a mi papà y le dije que Dios ya habìa empezado a llamar a su padre, esas fueron las palabras que utilice. Intentaron recucitarlo, pero fue en vano. El mèdico se acercò y me dijo que habìa hecho lo posible y me dio el pesame. Le avise a mi papà. Me acerquè a su cuerpo y le dije que siempre lo iba amar a pesar de la muerte y que le agradecìa el que me hizo sentìr ùtil y amada, que me hiba a hacer falta. El abuelo despuès de luchar por nosotros para seguir viviendo muriò a las 3:30 am del dìa 19 de marzo mientras lo acompañaba y recordabamos tantas cosas.

Hasta hoy: 25 de marzo de 2004 tuve las fuerzas para transcribirte lo que escrbì en forma de terapia a lo largo de estos dìas en una libreta. Donde vivì su lucha y finalmente la muerte ganò la ùltima batalla. Al paso de los años años creì que muchas cosas de niña se habìan perdido. Y mi amor, en estos dìas me demostrò lo contrario que hay cosas que aùn no se han roto. Esa noche, fuì de nuevo niña y no llorè, tan solo acaricie con las palabras como en los viejos tiempos. Su funeral fue para un verdadero rey y precioso. Pude decir unas palabras y entre ellas fue que mientras en nuestra sangre corra su historia el vivira. Recordè la frasey la citè de Gaby Brimmer "la mente fija limitaciones, el corazòn las sobrepasa", el amor es màs fuerte que la muerte. Debo decirte que me hizo falta tanto alguien que me abrazara y me apapachara me sentì muy sola. Pero, me hizo muy bien desahogarme con Andrès ya que eso tranquilizò mi alma y me mantuvo muy tranquila en el funeral y con fuerzas para consolar a mis primos y tìos y abue (abuela). Se que esta perdida serà insuperable, pero tengo que seguir a pesar del vacìo que he sentido estos dìas. Ademàs, ùltimamente Ana Luisa y Alfredo me han demostrado que les importo estando al pendiente de mi. Debo ser sincera y decir que me hiciste mucha falta Anne, pues se que contigo estarìa superapapachada. Y a tì Vany te extraño y tambièn me hicieron falta.

Prometo los pròximos dìas enviarte un ensayo que escribiò mi padre tìtulado Los pàjaros negros de la muerte...que me conmoviò hasta las làgrimas y se publicò en el manifiesto.

Los pájaros negros de la muerte

Artículo de Benjamín Araujo M.

A mi padre, Adolfo Araujo Iníesta

Hace unos momentos me hicieron saber que mi padre está prácticamente desahuciado. Lo supe por una vía confiable: mis hermanos. Laura y Arturo me lo hicieron saber telefónicamente. Querían charlar conmigo, personal, urgentemente. Yo les dije: "No puedo, tenemos que cerrar la edición del manifiesto". ¿Así, por teléfono?, dijo uno de ellos. Sí conteste. Ahí me quedé: la noticia corrió por las venas y se instaló, primero por ondas sonoras en la cabeza, luego ya removió los genes.

Anido el asunto y sacudió todo. Recuerdos, vivencias, pero también la certeza de que la muerte toca a la puerta personal, intransferible.

Es inevitable. Es la primera barrera que se me puso, o que me puse, enfrente, seguramente como autodefensa contra el dolor. El azote hace hormigueos en el fondo de mis ojos. Es natural, pero tiene muchos vericuetos. Uno, puede ser remontarse a los ayeres perdidos. Mi padre, joven, me toma de la mano para salir a la calle. Las sensaciones filiales del amor y la seguridad. La certidumbre de la admiración por esa figura que es un escudo contra el entorno. Dos, las palabras emocionadas de mi padre por las minúsculas batallas ganadas en la guerra escolar. Tres, ya púber, recuerdo con claridad el resumen desde mi conciencia de los esfuerzos laborales, el optimismo, pocos ejemplos con discurso chato y mas con lo que siempre fue para él parangón real: los hechos, las actitudes. Cuatro, el enfrentamiento colérico de su parte, a mi persona, por la ausencia mía, adolescente, al haberme largado casi un año a la Sierra de Chihuahua; y casi inmediato, la consecuencia: mi corte tajante de cordón umbilical familiar, mi independencia personal y el crecimiento de una novel amistad con él, y con mi madre, ya como visita en la casa paterna. Hasta años después pude darme cuenta de qué importante fue para mì, la orilla existencial a la que me convocó el buen Adolfo.

Rondan por mi cabeza los pájaros de la muerte. Vuelan, trastabillan, y si, para que me hago pendejo, consiguen por momentos atascar con polvos decadentes mi garganta, hasta anularla. Estoy cierto, claro, consiente de que no soy el primero que pasa por este trance. Ni voy a ser el último. Eso me ultima ese vuelo sagaz de los pájaros predictores.

Dañan mi entorno, cambian mi sistema nervioso; me enturbian la dicción interior; me desesperan. Me duele estar plantado ante esta máquina diciendo, ¿a quién? A mi mismo, a los demás, compartiendo, que mucho le debo a este hombre postrado en sus últimos momentos: La vida, la honestidad, mi apego a la sinceridad, a la cabalidad, a la rectitud, por mas que estas palabras ahora ya pujen para significar algo. Me duele, y no lo dejo enterrado el sentimiento, desconocer qué piensa, qué pasa por su cabeza en esta postrera hora de su vida.

Somos, delante de los pájaros de la muerte, unos gusanos a la espera de ser guijarros para su alimento. Es la ley de la vida, la muerte. Es una verdad gigantesca, atropellante, estremecedora, reconocer que somos individuos, pese a todo, incapaces de ser acompañados, de fondo, en concreto, para nadie en un momento así.

El final de la vida es una gigantesca acción de adivinación de esos pájaros; y resulta hasta impúdico que yo asome la cara para decir esto. Que es todo; y es nada.

Los pájaros de la muerte han aparecido esta tarde del 18 de marzo de 2004. Tendré que verlos descender y asumir su presencia...y sus consecuencias.

Somos, delante de los pájaros de la muerte, unos gusanos.


A veces la vida es muy triste, pero al final las personas no mueren mientras vivan en nuestra genética y recuerdos...¡TE AMO AWELO, MI AMOR!




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